Muchas personas vienen a consulta por síntomas digestivos como hinchazón abdominal, gases, digestiones pesadas y fatiga persistente. En la mayoría de los casos, lo primero que solemos pensar es que el problema está en algún alimento concreto o en la dieta. Que si es el gluten, soy intolerante al sorbitol, lactosa, los lácteos me sientan mal, se quita todo y los síntomas persisten. En la práctica clínica vemos con más claridad que la digestión no empieza en el estómago o boca, sino en la mente.
El sistema digestivo está profundamente conectado con el cerebro a través del llamado eje intestino–cerebro–microbiota. Este eje es una red de comunicación constante y bidireccional entre el sistema nervioso central, el sistema nervioso entérico (el del intestino), el sistema inmunológico y la microbiota intestinal. Gracias a esta comunicación, lo que ocurre a nivel emocional, tus preocupaciones, el estrés laboral, el ritmo frenético de tu vida cotidiana influye directamente en cómo digieres y absorbes los alimentos.
“ Si no digieres la vida, no digieres el alimento”
Cuando el cuerpo está en estado de amenaza o activación mantenida, se activa el sistema nervioso simpático, que es el sistema de “alerta de huida”. En este estado, el organismo prioriza otras funciones, como contraer músculo, aumentar frecuencia cardíaca y otras para poner el cuerpo en activación, en marcha por encima de la digestión. Esta situación hace que no haya una correcta motilidad intestinal, se reduce la secreción de ácidos y enzimas digestivas y esto puede modificar el equilibrio de la microbiota intestinal. Como consecuencia, pueden aparecer síntomas como hinchazón abdominal, gases, digestiones pesadas y cambios en el ritmo intestinal.
¿ Te suena de estar en un restaurante al que frecuentas , comiendo la misma comida de siempre hoy te ha sentado mal y no sabes porqué?
Coincide que durante la cena has tenido una conversación un tanto incómoda.
El estrés puede modificar la composición de la microbiota intestinal y aumentar la sensibilidad visceral. Trabajos publicados en Neurogastroenterology & Motility y Brain, Behavior, and Immunity también describen cómo la activación del sistema nervioso y la respuesta al estrés pueden influir en la inflamación de bajo grado, la permeabilidad intestinal y la comunicación del eje intestino–cerebro.
¿ Y si tu dolor crónico o tu estado de bajo ánimo o depresión viniera de este eje intestino/microbiota-cerebro?
Desde la perspectiva de la Psiconeuroinmunología (PNI), los síntomas digestivos no se entienden como un problema aislado del intestino, sino como el resultado de la interacción entre distintos sistemas del cuerpo: el sistema nervioso, el sistema inmunológico, el sistema endocrino y la microbiota intestinal. Cuando el estrés se mantiene en el tiempo, puede favorecer cambios en todos estos sistemas, generando una respuesta en cadena.
Esto ayuda a entender por qué muchas personas no mejoran únicamente con cambios en la alimentación, con únicamente tratamientos de antibióticos para SIBO u otras disbiosis, omeprazol o antiácidos sostenidos en el tiempo o de tomar probióticos.
Si te sientes identificada/o con lo que has leído, tienes hinchazón, gases, digestiones pesadas, todo te sienta mal y has realizado muchos tratamientos sin resultados a largo plazo contacta con nuestro servicio de Psiconeuroinmunología clínica. Un enfoque integrativo puede ayudarte a comprender mejor la relación entre tu sistema nervioso y tu digestión, y acompañarte en un proceso de mejora más profundo y sostenible.











